Algo personal: Atrévete. Cambia.

by | jueves, 14 junio 2012 | 0 comments

Hoy aparco por un rato el Shiatsu y la Medicina China para atreverme con un post más personal. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza (y el corazón) la idea de escribir algo así, compartir un pedacito más de m, “mojarme”, y un poco de “meterme donde no me llaman”. Las señales y los ejemplos que me motivaban a ello eran muchos, me impulsaban inexorablemente en esta dirección y ayer por fin ha llegado el empujón final, de la mano de un email de un (hasta ahora) desconocido. Pepe (nombre ficticio) me escribe animado por mi web e inspirado por mi historia, y eso siempre hace que se hinche un poco el orgullo (el ego). Me cuenta un poco su vida, y cómo, cada vez más, siente que necesita conectar consigo mismo. Dice que no sabe muy bien por dónde empezar, y que no puede compartir sus inquietudes con su entorno cercano, pues no le entenderían. Y me pide consejo. ¡Qué responsabilidad más grande! Este post nace de parte de la respuesta que le he dado a Pepe.

Me gustaría que este post, más que nunca, te haga reflexionar a ti (tú, lector/a de detrás de esa pantalla). Me gustaría poder influir o motivar a todas aquellas personas que desean un cambio en su vida y no se atreven a dar el paso, a aquellos que sienten que algo no funciona, pero no saben expresar o encontrar la pieza que anda suelta, a todos los que viven en el miedo, la apatía, la inseguridad, la frustración o la eterna queja, y también a aquellos que ya han comenzado el camino hacia una vida más sencilla y en equilibrio.

Señoras y señores, niños y niñas, agárrense los cinturones, que vienen curvas 🙂

[Nota: Las “señales y ejemplos” de los que hablo al principio, son sobre todo artículos escritos en blogs que suelo seguir. Como creo que ellos ya se han explicado mucho mejor de lo que lo haré yo, incluyo los enlaces al final del todo. También son los vídeos y enlaces que hay en el texto.]

¿Cómo he llegado hasta aquí?

El mundo necesita gente que ame lo que hace

En la página de “Acerca de…” puedes leer mi historia. Ahí está escrita de forma bonita y (por qué no decirlo) ligeramente adornada.

Un día de abril de 2002, un martes o miércoles sobre las 11 de la mañana, me marché en mitad de una clase (no recuerdo cual) en la universidad. Estaba a punto de tener un ataque de ansiedad, sin ninguna causa ni detonante concreto. Me fui a un parque, me tumbé en un banco, y me puse a mirar cómo pasaban las nubes en un cielo intensamente azul. Hacía un día precioso, soleado y de temperatura agradable, no demasiado frecuente en esas fechas. Pensé en por qué estaba allí. A mi pareja le acababan de diagnosticar cáncer, apenas conocía a mi familia (ni permitía que ellos me conocieran), estaba estudiando algo que odiaba sólo porque “era una carrera con futuro”, tenía sobrepeso, baja autoestima, me encontraba mal física y emocionalmente, y sobre todo, me sentía totalmente sola y perdida. Algo estaba profundamente mal, y tenía que arreglarlo. Pasé varias horas tumbada en aquel banco. Hace exactamente 10 años me prometí a mi misma que siempre me dedicaría a algo que me apasionara, o al menos que lo intentaría con todas mis fuerzas.

Este ha sido el principal impulso que me ha llevado hasta donde estoy hoy. Por este principio he cambiado de carrera, de ciudad, de amistades y de profesión. También me he permitido cambiar de opinión y de gustos, experimentar y disfrutar, aprender y equivocarme.

Hasta hace un año y medio trabajaba como Ingeniera Informática en proyectos de investigación en nuevas tecnologías, co-financiados por la Comisión Europea, en una gran consultora internacional, en colaboración con empresas y universidades de todo Europa. Tenía un trabajo respetable, de esos que hacen que a los padres se les llene la boca y se hinchen de orgullo al hablar de sus hijos. Puesto estable, buen sueldo, posibilidades de viajar por todo el mundo… Incluso a mi misma me había fascinado el trabajo durante un tiempo. Pero hacía ya mucho que trabajaba sin ilusión, sin ganas y sin pasión. Vivía entre la ansiedad y la apatía, con mucho estrés y mal humor. Era hora de cambiar, y de ahí nació Amalur Zen.

A menudo tengo conversaciones con gente que no está para nada contenta con su vida. Algunos lo expresan de forma más directa, y otros ni siquiera lo saben todavía. Cuando doy mi opinión, suelo tener reacciones muy diversas.

Más de un amigo y amiga me han echado en cara que yo lo ponía todo muy fácil, pero que la realidad no era siempre tan bonita como yo la pintaba. También me suelen decir que, qué suerte tengo de tenerlo todo tan claro, de saber lo que quiero. Muchos alaban mi valentía al decidir romper con el “orden establecido” y lanzarme a la aventura. Y otros muchos creen, sin más, que me falta un tornillo y/o estoy totalmente equivocada y que ya volveré al redil.

Pues bien:

  • No, no es fácil. Ni digo, ni creo que lo sea. Tampoco es imposible. A mi también me cuesta, yo también tengo miedo y dudas. Yo también tengo días que no me apetece, o que pienso que me gustaría ir por el camino fácil. Lo que sí que es: satisfactorio, gratificante, placentero.
  • Yo no tengo claro lo que quiero. No al 100%. No tengo una lista de objetivos, ni hitos que marquen un plan de ruta. Yo sólo sé que quiero ser feliz. También sé que mi felicidad sólo depende de mi, y que no es posible alcanzarla negando o lastrando la felicidad de otros. También sé que la felicidad es contagiosa. Hoy sé con certeza que el Shiatsu me apasiona, y que es lo que quiero hacer. Pero igualmente soy consciente de que hace unos años quería con todas mis fuerzas ser bibliotecaria, científica, escritora, cantante…, y que es posible que de aquí a unos años me dedique a otra cosa que no tenga nada que ver con el mundo de la salud. Lo importante es levantarse cada mañana sabiendo que vas a dedicar tu día a algo que te gusta y te hace sentir bien.
  • No sé si soy valiente o loca, y no me planteo si tengo razón o no. Cuando me preguntan, ¿cómo sabes qué es lo correcto?, mi única respuesta es: “porque me hace sentir plena”.

Si crees que algo de lo que haces no te está funcionando… te invito a probar cosas nuevas. Aquí tienes algunas para ir empezando.

El mundo necesita gente que ame lo que hace

Me gustaría que me respondas a una pregunta: ¿cuál es tu pasión?.

La siguiente pregunta sería ¿puedes hacer de tu pasión tu profesión?. Si la respuesta es sí: ¿a qué estás esperando?. Si la respuesta es no: ¿cuánto tiempo le dedicas a tu pasión?

Dicen los expertos que vivimos una crisis moral, además de económica. De las empresas, de la banca, de la política. Así, en genérico, en abstracto. Porque no se suele decir de “los empresarios, los banqueros y los políticos” (bueno, estos últimos sí). Pero ¿y tú y yo?. ¿Qué hay de la crisis moral de la sociedad? [sociedad = agrupación de personas, individuos].

Creo firmemente que “el mundo es un reflejo de mi casa”. Somos más responsables (en el sentido de “causante” no en el de “consecuente”) de lo que queremos ver: responsables de qué compramos, qué comemos, de qué vemos en la televisión, dónde decidimos gastar nuestro dinero, y también, de dónde trabajamos. Si trabajas en un lugar que odias, que te agobia o que no te estimula en absoluto, que va en contra de tus principios y tus ideales, es tu responsabilidad buscar algo mejor. Ten por seguro que si buscas excusas para no hacerlo, las encontrarás. Pero piénsalo bien, ¡es una tercera parte de tu vida! ¿Seguro que no quieres invertir ese tiempo en algo diferente?

Especialmente en este momento, el mundo necesita gente a la que le apasione lo que hace, que se levante cada mañana con ilusión, que disfrute de su trabajo y que de lo mejor de sí misma. Apasiónate.

Atrévete. Cambia.

¿Qué es lo que te da miedo? ¿Son tus miedos infundados? ¿Qué puedes hacer para enfrentarte a ellos? Pon en una balanza ese miedo de un lado, y del otro, el beneficio, la satisfacción que obtendrás si te atreves a hacerlo. ¿Qué puedes perder? ¿Cuánto puedes ganar?

El miedo es una fuerza muy poderosa y tienes dos opciones: dejar que te inmovilice, o permitir que te sirva de impulso. Saber reconocer el miedo es el primer paso para poder hacer algo al respecto. Llama al miedo por su nombre: ¿miedo al fracaso? ¿miedo a lo desconocido? ¿miedo al rechazo?… Y ahora, ¿cuánto de ese miedo es evitable? ¿cuánto de ese miedo son excusas?

Atrévete. Cambia. Descubre. Experimenta. Disfruta 🙂

Respira. Muévete. Déjate llevar.

Parece que vivimos en una cabeza que va pegada a un artilugio que le sirve de apoyo, que es nuestro cuerpo. Cada vez se le presta menos atención, excepto para “adornarlo” (vestirlo, maquillarlo, ponerlo bonito…). No pensamos que nuestro cuerpo pueda “hablarnos”. Sin embargo, sí que nos habla. Nos grita. Dolor de espalda, de cabeza, cansancio, insomnio… Enfermedades autoinmunes, degenerativas, “raras”, psicosomáticas… Y olvidamos que las emociones, lo que comemos y bebemos, lo que pensamos y nuestros hábitos en el más amplio sentido de la palabra, afectan a nuestro cuerpo. Vivimos desconectados de nuestro cuerpo.

Pero, ¡atención!, también podemos influir en nuestro estado mental y emocional a través del cuerpo. ¿Cómo nos volvemos a conectar? Usando el cuerpo:

  1. Respira: profundamente. Siente cómo el aire llega a cada célula de tu cuerpo. Cómo llena todo tu abdomen, y cómo va más allá. Siente cada parte de tu cuerpo, desde las uñas de los pies hasta las puntas de las pestañas. Cada uno de tus dedos, cada centímetro de piel, cada músculo y cada hueso. Incluso cada órgano y víscera. Siéntelos. Y poco a poco, ve ganando consciencia de tu cuerpo en los quehaceres diarios: mientras estás sentado/a, o caminando, o cocinando, o en la ducha… siempre sin olvidarte de respirar.
  2. Muévete: encuentra una actividad física que te guste, y que te ayude además a sentir tu cuerpo. Para mi fue el aikido, el yoga, el tai chi y el qi gong. Para ti puede ser bailar swing o aprender danza del vientre. O simplemente caminar: salir a pasear por el campo o un bosque, ir a hacer senderismo a la montaña, o cambiar el coche o el metro por ir andando al trabajo.
  3. Déjate llevar: todos tenemos un sexto sentido. Todos tenemos intuición. Lo que pasa es que hemos aprendido a ignorarla, a escuchar sólo a “la razón”. Pero es posible recuperarla, y poco a poco volver a sentir y a saber qué nos dice. Por ejemplo, la próxima vez que vayas al (super)mercado, , intenta sentir qué te pide tu cuerpo (y ¡ojo’, tu cuerpo no te está pidiendo una chocolatina).

¿Por dónde sigo?

Te recomiendo seguir por donde más te apetezca. Esa es la mejor manera de llegar a tener éxito. Puedes salir ahora a buscar un sitio donde hacer yoga. O puedes revisar tu lista de sueños. O puedes suscribirte a alguno de estos blogs, para seguir leyendo.

Aquí están algunos de esos artículos que mencionaba antes. ¡Que aproveche!

¿A qué dedico mi vida?” [2][3], artículo en 3 partes de Javier Malonda, narrando el camino que le llevó a dar un giro de 180º en su vida.

Cómo responder al juicio de los demás”, artículo de Robert Sánchez, de su blog “Una vida sencilla”. Cuando inicias cambios profundos en tu vida, te encuentras con todo tipo de juicios y reacciones de la gente de tu entorno. ¿Cómo reaccionar a sus juicios y críticas?

Networking de pasiones”, artículo de Valentina – Vale De Oro. ¿Y si la próxima vez que estés en un evento con gente desconocida, en vez de preguntar “¿en qué trabajas?”, preguntaras “¿cuál es tu pasión?” ?.
Y sobre todo: respira y siente… ¿qué te dice tu corazón?
¿Te ha gustado? ¡Compártelo!
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someone
Sandra Jiménez

Sandra Jiménez

Terapeuta de Shiatsu Zen

Soy una ingeniera informática que un día decidió dejar su trabajo para dedicarse de pleno a su pasión: el Shiatsu, la Medicina Tradicional China, la salud y el bienestar. Desde entonces he trabajado y colaborado con varios centros de terapias naturales como terapeuta de Shiatsu y masajista.

En 2011 lancé AMALUR ZEN como  un blog sobre Shiatsu y salud y en 2013 abrí el centro de terapias  AMALUR ZEN ~ Bienestar Integral,  donde comparto el espacio con un equipo multidisciplinar de terapeutas.  ¿Quieres conocer mi historia?